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La liberalización del comercio de productos agrícolas y el distanciamiento del Estado en materia de prestación de servicios básicos han sido asociados con una creciente desigualdad y una mayor pobreza rural e inseguridad alimentaria. En este contexto, el entorno internacional para el comercio de productos agrícolas ha puesto en desventaja a los países en desarrollo mientras que el sector agrícola del Norte se beneficia de una fuerte protección gracias a las crestas arancelarias, las restricciones cuantitativas, las medidas de salvaguardia y otros obstáculos no arancelarios al comercio.
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