| La batalla por el futuro del mandato de la UNCTAD |
|
[South Bulletin 61] En vísperas de que se celebre el 13º período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la conferencia ministerial denominada UNCTAD XIII, se libra una gran batalla para lograr que el mandato de la UNCTAD siga enfocando su trabajo en temas importantes, sobre todo de índole macroeconómico y financiero. Por Martin Khor Las negociaciones en la reunión preparatoria de la UNCTAD XIII se encuentran en un punto muerto. El objetivo de esta reunión es preparar el proyecto del documento final que los ministros deberían adoptar al término de la UNCTAD XIII, celebrada en Doha (Qatar) del 21 al 26 de abril de 2012. Si bien las últimas dos o tres Conferencias de la UNCTAD transcurrieron sin contratiempos, parece que durante la UNCTAD XIII (cuyo eje temático es la globalización centrada en el desarrollo) se presentarán más dificultades, ya que tanto el alcance de los trabajos como la influencia de la organización estarán en juego. La UNCTAD fue creada en 1964 para ayudar a los países en desarrollo a reforzar sus posiciones débiles en las estructuras económicas internacionales y para planificar estrategias nacionales de desarrollo. Con el tiempo, la UNCTAD se transformó en una especie de secretaría que representaba a los países en desarrollo, proporcionando un ligero balance a favor del desarrollo ante a las enormes organizaciones dominadas por los países desarrollados, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Sin embargo, durante los últimos veinte años, los países desarrollados han intentado frenar la orientación a favor del Sur tanto de la secretaría de la UNCTAD como de sus numerosos informes. Las discusiones intergubernamentales han perdido importancia y los países desarrollados han puesto constantemente en tela de juicio la misión de la UNCTAD a favor del desarrollo. Parecía que esta tendencia malsana había amainado durante la última década, pero, según se informa, durante las reuniones preparatorias de la UNCTAD XIII celebradas en Ginebra en los últimos dos meses, algunos países desarrollados intentaron reducir las áreas del trabajo futuro de la UNCTAD, generando frustración entre los países del Grupo de los 77 y China. Las reuniones celebradas por el comité preparatorio entre el 10 y el 13 de abril estuvieron a punto de terminar en una crisis ya que los países fueron incapaces de llegar a un acuerdo sobre la manera de proceder respecto de algunos temas importantes y sobre el proyecto del documento final. Una fuerte discusión tuvo lugar durante la reunión del comité celebrada el 13 de abril, cuando se quiso determinar si el documento final de Doha debía «reafirmar» el mandato otorgado a la UNCTAD en las sesiones previas (en 2008 se celebró en Accra (Ghana) la UNCTAD XII y al final de la misma se adoptó el Acuerdo de Accra). El Grupo de los 77 y China propusieron reafirmar el Acuerdo de Accra y normalmente dicha propuesta habría sido aprobada como una cuestión rutinaria. No obstante, un grupo de países desarrollados se opuso al término «reafirmar» y propuso más bien « basarse en » el Acuerdo de Accra. Esta propuesta generó un sentimiento de frustración entre los miembros del Grupo de los 77 y China, quienes consideraron que se trataba de un intento por dejar de lado algunas de las cuestiones en las que trabaja la UNCTAD. Para ellos, negarse a reafirmar el Acuerdo de Accra parecía ser otra medida para debilitar la influencia de la UNCTAD y su ayuda al desarrollo. El Grupo de los 77 y China insisten que la UNCTAD XIII debe reafirmar el Acuerdo de Accra. Hablando en nombre del Grupo de los 77 y China, el embajador de Tailandia, Pisanu Chanvitan, lamentó que la postura conciliadora del grupo fuera considerada como una señal de debilidad o capitulación. El grupo esperaba que la crisis financiera y económica mundial marcara de una vez por todas el fin de un periodo negativo y, quizás, el comienzo de un nuevo régimen internacional de gobernanza económica mundial. «En vez de ello, presenciamos un comportamiento que pareciera indicar el comienzo de un nuevo neo-colonialismo. No podemos aceptarlo y no lo haremos ». Desafortunadamente, pese a la capacidad de la UNCTAD XIII de contribuir a un nuevo comienzo, los países en desarrollo se sienten cada vez más marginados por sus socios, sobre todo cuando parecen negarles sus propias prioridades. El embajador de Tailandia insistió que el Acuerdo de Accra debe ser reafirmado y propuso que ya que el Grupo de los 77 y China ya habían asumido «compromisos increíbles», lo mínimo que se podía hacer durante la conferencia de Doha era adoptar el texto de compromisos que el presidente de la Junta de Comercio y Desarrollo de la UNCTAD y embajador de Lesotho, Mothae Maruping, había presentado durante la primera semana de abril. Se trata de un texto de 22 páginas redactado por el presidente, que formaba parte de un extenso documento compilatorio y que contenía diferentes formulaciones hechas por todos los miembros. El Grupo de los 77 y China afirmaron que es posible que sus socios para el desarrollo (haciendo referencia a los países desarrollados) tengan la impresión equivocada de que la cuestión es saber si habrá un documento final, por lo cual agregaron: «Permítannos asegurar a nuestros socios que habrá un documento final ». Sin embargo, la cuestión es saber si se generará un documento consensuado. En respuesta a estas declaraciones, un grupo de países desarrollados lamentó que se les sitúe en «el bando de los malos» y pidieron que sus propuestas no fueran «siempre consideradas como un arma en el conflicto Norte-Sur». Ya que el bloqueo de las negociaciones tuvo lugar en vísperas de la apertura de la UNCTAD XIII, muchos se preguntan si la conferencia de Doha concluirá con un documento final consensuado o si los países en desarrollo decidirán proponer que se vote el documento que ellos mismos presentaron. Se considera que votar el documento del Grupo de los 77 y China sería recurso final, ya que el procedimiento normal es adoptar un documento consensuado. Parece que actualmente la cuestión política más importante en las negociaciones es saber si el documento final de Doha reafirmará el Acuerdo de Accra. También se dice que existe un acuerdo generalizado para que el documento final se base en las negociaciones hechas al respecto del texto del presidente. Sin embargo, el Grupo de los 77 y China defienden firmemente que dicho texto, que en su opinión ya ha perdido bastante sustancia si se le compara al texto propuesto por el grupo, no debe ser más diluido. Las negociaciones serán retomadas en Doha por un comité plenario para que se formalice el documento final de la UNCTAD XIII. La batalla que se libra en la UNCTAD se sigue con mucha preocupación. Un influyente grupo de 50 antiguos funcionarios de alto rango de la UNCTAD presentó una declaración conjunta criticando el hecho de que los principales países desarrollados intenten reducir el mandato de la UNCTAD y negarle el derecho a seguir analizando los problemas macroeconómicos mundiales desde el punto de vista del desarrollo. (Véase artículo sobre la declaración). Entre los signatarios se encuentran el antiguo Secretario General, Rubens Ricupero, dos antiguos Secretarios Generales adjuntos, Carlos Fortín y Jan Pronk, y varios antiguos Directores. En el SUNS Bulletin se informa que durante una conferencia de prensa sobre la declaración, el antiguo Director de la UNCTAD, John Burley, advirtió que «negar el derecho de la organización a seguir analizando e informando sobre los problemas macroeconómicos mundiales, incluyendo el papel de las finanzas mundiales en el desarrollo […]» suponía un intento por modificar el mandato de la UNCTAD. Burley agregó: «Estamos molestos porque consideramos que los principios de necesidad de una pluralidad de puntos de vista en el sistema internacional y de preservar la libertad de expresión de la UNCTAD están siendo amenazados». Yilmaz Akyuz, antiguo economista en jefe de la UNCTAD, afirmó que desde que cayó el muro de Berlín, los principales países desarrollados «se han vuelto cada vez más intolerantes a la diversidad de puntos de vista y de hecho, desean que el consenso de Washington se vuelva un consenso mundial. Rara vez se han involucrado en el diálogo constructivo respecto de las opciones políticas entablado en el seno de la UNCTAD y han hecho caso omiso de los descubrimientos de las investigaciones, incluso cuando se probó su veracidad». Akyuz agregó que la UNCTAD siempre se ha interesado en las políticas que tienen un efecto significativo sobre el desarrollo y sobre los países en desarrollo. «La UNCTAD ha logrado abordarlas adoptando una perspectiva amplia y enfocándose en la interdependencia de los problemas y en varios campos temáticos. La UNCTAD siempre ha sabido anticipar problemas con bastante antelación y proponer soluciones factibles». El antiguo economista en jefe dio varios ejemplos de cómo la UNCTAD fue la primera organización en hacer propuestas que más tarde se volverían una tendencia principal u oficial, como la necesidad de aliviar la deuda de América Latina en la década de 1980, la necesidad de aliviar la deuda de los países pobres con las instituciones derivadas del Acuerdo Bretton Woods en 1990, la propuesta de formular de manera ordenada mecanismos para la deuda soberana, la predicción y el análisis de las crisis financieras registradas en las economías emergentes y el reconocimiento de la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional para gestionar los flujos internacionales de capital. En su declaración, los antiguos funcionarios de la UNCTAD afirmaron que la organización siempre ha sido una piedra en el zapato para la ortodoxia económica. Sus análisis de los problemas macroeconómicos mundiales desde el punto de vista del desarrollo han proporcionado regularmente un punto de vista diferente al que ofrecen el Banco Mundial y el FMI controlados por Occidente. Actualmente, se intenta silenciar esa voz. Los signatarios insistieron que los países en desarrollo están luchando en Ginebra para resistir a la fuerte presión que los países de la OCDE hacen sobre ellos y para defender a la organización. En Ginebra, los países desarrollados han aprovechado la oportunidad para sofocar la capacidad de la UNCTAD de tener un pensamiento independiente. Para describir las acciones de los países desarrollados, los antiguos funcionarios de la UNCTAD usaron la siguiente afirmación «si no puedes silenciar el mensaje, al menos silencia al mensajero».
|